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Para leer las lecciones anteriores ve a: Meditación Efectiva y Meditación efectiva II
Volvamos a meditar recordando todo lo que habíamos hecho las semanas anteriores. Nos sentamos como lo hicimos antes y recordamos los ajustes que hemos aprendido y los cuales ya hemos integrado en nuestra memoria corporal: la postura, la respiración, las zonas del cuerpo, la mente, los eventuales malestares y dolores. Profundicemos en todo lo anterior pues el objetivo a partir de hoy es la perfección.
Recuerda que estás sentado en una silla. Tu espalda no
está recargada en el respaldo de la silla. Los pies deben tocar el
suelo, sin esfuerzo y sin desequilibrar el cuerpo. Si no se apoyan
completamente con los talones y las puntas, debes colocar algo bajo los
pies. Las rodillas deben estad dobladas en ángulo recto. La espalda debe
estar erguida. Las primeras veces es normal que debas enderezarte una y
otra vez.
Hasta hoy, después de hacer tus ajustes corporales, tu
meditación se ha compuesto solamente de seguir la respiración y de estar
atento a la postura del cuerpo. Y de hecho seguirás con la misma
práctica de meditación pero ahora antes de iniciar tu meditación vas a
comenzar un proceso de perfeccionamiento de la postura que se conoce
como oscilaciones de preparación.
Oscilar hacia delante y hacia atrás
Para mantener la espalda recta vamos a conectarnos en
primer lugar con el tronco. Cierra los ojos y lentamente dóblate hacia
delante como si hicieras una reverencia profunda. De esta manera estás
doblando las vértebras lumbares y aprenderás a identificarlas pues son
de gran importancia. Con la inclinación, la compresión del abdomen bajo,
abdomen alto y las tensiones de los hombros se harán inmediatamente
perceptibles.
Cuando estés suficientemente doblado, enderézate
lentamente hasta que la espalda esté recta nuevamente y llévala un poco
más allá de la vertical o que así te parezca. Es importante conectarte
con esta sensación. No interrumpas el regreso, continúa enderezándote
hasta que sientas como si perdieras el equilibrio. Los músculos del
vientre se pondrán en tensión para compensar el equilibrio y los pies
desearán separarse del piso.
Llegado ese punto, desplaza ligeramente todo el tronco
hacia delante, de manera lenta hasta tener la conciencia que la espalda
esté totalmente recta.
Ahora está atento al momento crítico, aquel en que la
tensión del abdomen bajo, del abdomen alto y de los hombros cesa. En ese
momento estás en equilibrio perfecto y con ello no hace falta algo más.
Practica varias veces la oscilación hacia delante y atrás
antes de pasar a la siguiente oscilación.
Oscilar de izquierda a derecha
Ahora vas a inclinar el tronco primero hacia la izquierda
y después pasando por centro, hacia la derecha. Oscila un poco cada vez,
con igual atención a las tensiones y al equilibrio. Al principio es aconsejable que las oscilaciones sean muy acentuadas. Todo debe parecer excesivo para que sea evidente. Después poco a poco las iremos haciendo cada vez menos amplias, cada vez más pequeñas y más próximos al centro hasta llegar a encontrar el centro con certeza. El profundo conocimiento del centro es un arte.
Es tan importante que algunas tradiciones de meditación
budistas lo relacionan con “el justo medio”.
Nos aproximamos al centro, primero con la concentración.
Después poco a poco el acercamiento es cada vez más ligero y prudente
para no perderlo, como si se tratase de un leve sonido que vaga en el
viento y que requiere de toda nuestra concentración para realizarse.
Cuando lo encontremos permaneceremos inmóviles. Nada debe perturbar este
momento y distraerte de este silencio que se presenta, de esa extraña
calma que aparece después de que las tensiones se han desvanecido.
Practica un poco con los ojos cerrados antes de pasar a
la siguiente oscilación.
Oscilar en todas direcciones.
Ahora oscila ligeramente en todas direcciones. Piensa en
los trompos ( peones en otros países ) con que juegan los niños y que
cuando giran parece que se mueven cadenciosamente hacia un lado y otro
sobre su eje vertical.
La postura psíquica.
Es muy importante no olvidar que la postura para meditar
está relacionada íntimamente con el aspecto psíquico.
Hay una considerable posibilidad de que posturas
equivocadas coincidan con trastornos físicos o psíquicos y que estén
relacionados con la excesiva relajación física y psíquica, por ejemplo:
el cansancio crónico, los sentimientos de culpa y de inferioridad o
miedo a lo desconocido están relacionados con una relajación continua de
cuerpo y mente. Y viceversa la excesiva tensión física o psíquica
producen estrés, agresividad o ira. Por ello es muy importante adoptar
una postura física derecha, alargada, relajada y a la vez atenta. Es
como emular a un joven deportista cargado de energía, con los hombros
rectos y con una actitud confiada hacia la competencia que lo espera y
que está decidido a superar. Con esa actitud vas a afrontar tu
meditación, pues sin duda es preferible tener esta última actitud a
mostrarte abatido cuando te sientas a meditar.
La vida habla a menudo mediante las posturas del cuerpo,
las muestra públicamente y aunque pensemos que nadie puede
interpretarlas nos dejan desnudos con nuestros defectos y virtudes.
Ahora que podemos captar sus mensajes, una postura adecuada del cuerpo
nos enseñará las leyes de la salud y la belleza.
Ahora inicia el seguimiento de la respiración y la
atención a tu postura por lo menos durante 15 minutos.
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Namasté Yoga & Pilates
es la Primera Escuela en México con Registro válido ante la Pilates Method Alliance USA |
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