Diversas maneras de encontrar,
mantener y compartir la felicidad.

El Dalai Lama dice que todos tenemos una
aspiración común: todos queremos ser felices; nadie quiere sufrir. Este deseo
universal nos mantiene unidos. En algún momento nos damos cuenta que no importa
que tan grande es nuestro cheque semanal, no importa cuántos títulos tengamos,
no importa qué tan bonita es nuestra casa y qué tan blanca es la cerca que la
rodea. Nada de esto asegura la felicidad.
¿Qué es lo que trae la felicidad ante cualquier circunstancia? El Poeta Sufi
Rumi nos dio una clave cuando dijo: “Trabaja tan duro en el mundo invisible como
lo haces en el visible”. El mundo invisible está dentro de ti y es donde reside
la verdadera felicidad.
Aquí hay unas sugerencias para trabajar en el mundo invisible:
Mira de cerca que es lo que causa que la felicidad no perdure. Comprar un nuevo
suéter te hace sentirte bien por un momento, pero si lo miras más de cerca,
tarde o temprano las cosas nuevas pierden su encanto, se vuelven viejas y
mundanas. Refuerza en tu mente el hecho que la felicidad no es el resultado de
acumular bienes.
Saborea el momento. Cuando un niño te da a un abrazo, vive la experiencia
plenamente, está pendiente de cada detalle. Haz lo mismo en esa aburrida junta
que te tiene al borde de quedarte dormido. Como dice el escritor Leo Buscaglia,
“Braille your world”, lo que significa toca, explora y date cuenta de todo lo
que hay en el presente. Poner plena conciencia en cada acto no significa que
todo será siempre bueno, significa que estás atento de cómo son las cosas sin
poner juicios.
Expande tu conciencia. Busca nuevas perspectivas retando a tus propias
creencias. Expande tus horizontes preguntándote: Qué pasaría si…
Juega con la vida, entre el trabajo, la familia y la compra de comida, encuentra
el tiempo para jugar. “Olvida” pasar por la tienda por la leche y ve que sucede,
cómo lo resuelves. Practica la gratitud. Enfoca tu mente en todo lo que ya
tienes, relega el sentimiento de necesitar más y dale su dimensión justa.
Sigue el camino del “sí”. Cuando la vida te pone algo enfrente, tómalo. Es mejor
que darte de golpes en la cabeza contra la pared posteriormente.
Toma tiempo para reflexionar. Desde niños nos han preguntado: ¿Qué quieres ser
cuando crezcas? Una mejor pregunta es: ¿Cómo quiero ser cuando crezca?
Vive tus valores. Después de reflexionar en tus valores personales, incúlcalos
en tus acciones cotidianas. Sigue el consejo de Nietzche, “la vida es demasiado
corta para aburrirnos de nosotros mismos”. Date el permiso de probar algo
diferente sin obsesionarte en el resultado.
Escucha. Quita a tu mente de tus propios problemas, permitiendo escuchar a las
necesidades de otros.
Mantente en el presente. Como ha dicho innumerables veces
el monje Thich Nhat Hahn: cuando laves los platos, solamente lava los platos. Un
hábito mental es ensayar lo que nos depara el futuro o recordar una y otra vez
los eventos pasados. Este momento está en donde lo vives. Sonríe. Es una forma
sencilla de cambiar tu paisaje interior y de conectarte con otros.
Ten presente que la vida es finita. No hay garantía que estarás aquí mañana. Tu
vida es preciosa. Vívela plenamente. La felicidad está aquí, en este momento.
George Bernard Shaw dijo: “la vida no es encontrarte a ti mismo, la vida es
crearte a ti mismo”. Recuerda que no hay una fórmula mágica para “hallar” la
felicidad; ésta se crea a través de ti.
Observa tu respiración. No es difícil observar cómo entra y sale el aire en
nuestro cuerpo y además tiene un efecto poderoso. Úsalo para reenfocarte del
frenético mundo externo hacia una actitud de atención plena.
Regala. Ya sea que regales tu tiempo, tu dinero, tu conocimiento, compartir
transforma la mente.
Tu camino hacia la felicidad es solamente tuyo. Thomas Merton, monje católico, dijo: buscar a
Dios es como buscar un camino en un campo cubierto de nieve; si no hay camino y
tú no estás buscando uno, lo que haces es caminar sobre el campo y creas uno
propio. Y es lo mismo con la felicidad, tú creas tu propia ruta.
Toma el viaje culposo. Sal y una noche y diviértete con una amistad. Hallarás
que a tu pareja no le pasó nada por quedarse un rato a solas.
Pasa un tiempo en
la naturaleza. Sal del mundo cubierto de luces y dividido en cubículos. Camina
en los bosques, o por lo menos por una planta en tu oficina.
Ve a dormir temprano. Nunca subestimes el poder de un buen sueño.
Un proverbio
polinesio dice acerca del estado de la humanidad: Estamos parados en una ballena
y pescando pececitos.
Lo que estás buscando – lo que todos estamos buscando – está muy cerca. La
felicidad es la ballena debajo de tus pies.
Texto original. Megan McDonough.
Adaptado y traducido por Pedro A. Hernández