Aunque
a la anorexia se le considera una enfermedad
moderna, los antiguos ascetas se veian muy
similares a las modelos de revista actuales.
Hace 2500 años, vivió Sidarta Gautama, a quien
en occidente conocemos como Buda. Durante 6 años
y en conjunto con 5 amigos buscaron la
iluminación por los medios más extremos que nos
podamos imaginar:
Comían lo menos posible, se paraban de cabeza
durante horas, dormían en camas de clavos. Una y
otra vez eran tentados por los demonios internos
de la comida, la lujuria, etc.
El dibujo, representa a Buda en dicho estado de
privación, lo que le hacía recordar una y otra
vez las tentaciones terrenales.
Aún en dicho estado de privación, un día Buda
observaba a un lanchero y a su hijo. Dicho
hombre enseñaba al hijo a tocar un instrumento
de una sola cuerda llamado Sarangi. El hombre
dijo a su hijo: Si la cuerda está muy floja no
producirá su bello sonido y si la cuerda está
muy tensa, ésta se romperá.
Buda interpretó dichas palabras como una señal.
Había llevado su cuerpo demasiado lejos y no
podía producir ninguna acción buena para los
demás. Antes de su búsqueda Sidarta se había
dedicada a la vida de excesos rodeado de todos
los lujos posibles que lo habían llenado de un
vacío espiritual.
En ese momento Buda rompió con su ascetismo.
Corrió hacia el río y tomó un baño. Cuando salió
del río estaba tan débil que cayó desmayado. Una
joven mujer llamada Suyata se acercó a él y le
llevó un tazón de arroz y otro de leche. Buda
disfrutó de esa comida como no lo hacia en años.
Sus amigos creyendo que Buda había desertado de
su camino, lo abandonaron.
Buda descubrió ese día el camino medio.
Dicho camino no está escondido en los excesos de
comida, de bebida o de los placeres terrenales.
Pero tampoco está escondido en el ascetismo, en
privarse de todo lo que este mundo te da.
Busca el camino medio, en en el que te conduces
con mesura. No te automortificartes o te hagas
daño; a la vez aprende a no ser indulgente
contigo.